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...tal como han hecho desde tiempos inmemoriales los jóvenes sometidos a presión, decidieron tumbarse un rato y perder el tiempo.

viernes, abril 21, 2006

una imagen

Alguien leerá esto que se acuerde de aquella corredora (es un decir) de maratón en Los Ángeles 84. Pues así he llegado yo a este viernes. Por dentro y por fuera. No creo que haga falta ilustrar mucho más la explicación.
Y como este cerebro con tendencia a las sucesiones (con sentido o sin él) funciona así, me he acordado de una cinta de vídeo que está en estos momentos en una repisa en casa de mi madre, y en cuya etiqueta se lee: Seúl 88. Y dentro está el duelo de los duelos. Chouchounova (Elena) vs Silivas (Daniela). El hieratismo frente a la expresividad. La línea recta frente a la curva. El pelo corto soviético frente al rizo rumano. Boguinskaia en segundo plano, esperando su turno. Y el cambio de ritmo circadiano mientras duraron las Olimpiadas, porque programar el vídeo nunca ha sido lo mismo.






13 Comments:

Blogger El Malvado Ming said...

Ya nada puede impedir este matrimonio.

Yo también tengo grabada esa final y que yo sepa es el único acontecimiento deportivo que atesoro. Por supuesto iba con Chouchounova y Silivas me caia gordisima, aunque realmente mi corazón y el resto de mi cuerpo estaba absolutamente entregado a Natalia Latchenova que era diminuta y sovietiquisima.
Que maravillosa narración de Paloma del Rio contando aquello de la sofronización y creyendoselo ella misma.

Por otra parte la maratoniana exausta era la suiza Gabriella Andersen. Pero a mi me de L.A. 84 meconmocionó más la pobre Mary Dekcer cayendose en la final de los 3.000. Como lloraba la pobre.

21 abril, 2006 18:10

 
Blogger nadadora said...

Ve escogiendo un lugar a la altura de las circunstancias.

Claro que había ir con Chouchounova. Ese gesto que hacía Silivas con la manita al final del ejercicio de suelo era suficiente para condenarla.
Latchenova era diminuta, sí, y tenía aire de huérfana, soviética, claro, que es un grado.
Los comentarios de Paloma del Río... qué decir. Me invade la nostalgia.

No puse el nombre de la criatura usando este razonamiento tan lamentable: si alguien lo quiere saber, preguntará, a mí, o al google. A mí me sorprendía mucho que fuese suiza. Estaba como fuera de lugar.
Uy, lo de Mary Decker, qué momento. Que empatía con una atleta...

21 abril, 2006 18:21

 
Anonymous Anónimo said...

Yo me acuerdo de Gail Devers, con sus unhas...pero es que eso duraba 11 segundos y el marathon femenino ufff....un poco rollo no?

21 abril, 2006 18:41

 
Blogger El Malvado Ming said...

Pues no sabría que sitio escoger.
En Torrespaña?
A las puertas de la HBO?
En la casa de la playa de Michael y Kimberly?

21 abril, 2006 19:14

 
Blogger vilipendia said...

what are you talking about?

21 abril, 2006 19:20

 
Blogger nadadora said...

gatazul:pero las uñas de Gail Devers son posteriores, y lo dejo ahí que no quiero entrar una espiral de recuerdos: Florence Griffith, Jackie Joyner, y sus conexiones familiares...ay.

manga ranglán: de las que propones, sin duda, en la casa de la playa de Michael y Kimberly, aunque luego si quieres podíamos ir de viaje post nupcial a las puertas de la HBO.

vilipendia: que tú no veías las olimpiadas, ¿es eso?

21 abril, 2006 19:28

 
Blogger El Malvado Ming said...

Que sitio propones tu? Algun paraje emblemático? Yo me adapto a cualquier circunstancia.

Gail Devers también tuvo una caida horrible en una final de 110 vallas. A puntito de ganar estuvo.
Creo que no podemos olvidar Merlene Ottey, la diosa de ebano, la reina de plata... (los comentaristas de La2 no son los reyes de la originalidad).

21 abril, 2006 19:52

 
Blogger nadadora said...

Paraje emblemático, es que hay tantos, así sin pensar: los viñedos de Falcon Crest, Cicely, la cocina de Las chicas de Oro... Dependería del estilo de la ceremonia.

A mí Marlene Ottey me gustaba a la vez que me angustiaba porque siempre se le escapaba el oro. Y aquellos comentarios como de apoyo (se te ha pasado "gacela negra")...
Y estamos dejando fuera a todas las rubias de la RDA. Y ahora me acabo de acordar de Kathy Freeman, que ni es rubia, ni alemana, ni especialmente brillante, pero ahí está.

21 abril, 2006 20:10

 
Blogger Unknown said...

Bocabadada estoy con tanta cultura olímpica. Voy a empezar con las cejas ahora mismo. Yo me conformaba con seguir la línea de las baldosas del suelo del comedor como si de la barra fija se tratara. Por cierto, qué bonita casa tenían Michael y Kimberly en la playa (Melrose Place, no? lo digo por no hacerme la lista y que se note).

21 abril, 2006 20:35

 
Blogger El Malvado Ming said...

Y tanto que ahí está. Aborigen y todo. Fue muy emocionante verla ganar en Sydney.
Confieso que también fui fan de Marion Jones y que casi se me cae una lagrima cuando se rompió en la curva del doscientos de los mundiales de Sevilla.

Mnmnmnm creía que era dificil encontrar a alguien con quien casarse, pero ahora creo que lo dificil es encontar donde.

21 abril, 2006 20:44

 
Blogger nadadora said...

mujer estropajo: si no dieran las olimpiadas por televisión, aquí íbamos a estar. Aparte de la retentiva para cosas de este estilo, claro, esa es otra.
Lo de seguir las baldosas tiene su mérito outsider también.
Melrose Place, sí, de todas formas, se te nota la listura (o lo que sea) aunque no te lo hagas.

manga ranglán: lo del aborigenismo es un factor a su favor según mis absurdos criterios de simpatía.
Marion también, a mí siempre me ha recordado de una forma extraña a W.Diógenes Houston. Miedo me da.

No me negarás que el dónde es muy importante y no se puede elegir a la ligera.

21 abril, 2006 21:17

 
Blogger vilipendia said...

Pues no. Mira, por no ver, te diré que no vi ni las de barcelona. Ni la ceremonia de inauguración siquiera.

21 abril, 2006 22:07

 
Blogger nadadora said...

Yo de las de Barcelona curiosamente, tengo los recuerdos más borrosos que de las anteriores, será porque prefiero las que son en otro continente y así hay que verlas a horas intempestivas. Raruneces mías.

21 abril, 2006 23:05

 

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